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“Carta de Graciela a los tres poderes del Estado”, al cumplirse 10.000 días del atentado terrorista


Agencia AJN.- La nueva comisión directiva de la DAIA asumió ayer en un acto llevado a cabo en un importante hotel del centro de Buenos Aires, con una alta participación de dirigentes de la comunidad judía.

A continuación, el discurso completo del presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, durante el acto de asunción:

Una ola de desconfianza, bronca y desilusión hacia la dirigencia política, atraviesa a las democracias. Se trata de un fenómeno preocupante que lastima a las instituciones, y en muchos casos, se muestran impotentes para dar respuestas a las demandas de la sociedad y ponen en duda su capacidad de representar a los distintos sectores que la componen.

Un proceso de divorcio parece estar en marcha y las instituciones no encuentran forma de detenerlo.

Esta falta de respuestas de los liderazgos políticos y sociales tradicionales llevó a amplios sectores de la población, marginados del progreso económico y sin posibilidades de ni siquiera soñar con un futuro estable para ellos y sus hijos, a buscar alternativas. Y están encontrando respuestas en los partidos anti políticos o establishment, que detectaron rápidamente lo que estos sectores quieren escuchar. Para eso exacerban sus miedos y prometen soluciones tan rápidas y fáciles como imposibles de cumplir.

En este contexto, es una obligación reaccionar, cada uno desde su lugar.

Nuestro país no es ajeno al descontento y en la DAIA, una de las instituciones de la sociedad civil más importantes de la Argentina, estamos decididos a trabajar para construir la mejor respuesta posible ante esta crisis de legitimidad que sufrimos quienes lideramos instituciones políticas.

Ahora nos damos cuenta, quizás como nunca antes, de lo nocivo que es el enfrentamiento y las descalificaciones que generan divisiones y grietas. Lo que ocurre a nivel político nacional no podría no reflejarse en distintos ámbitos de la sociedad argentina.

En esta situación de polarización extrema que transita nuestra República, la DAIA como organización de la sociedad civil, es impactada inevitablemente por los debates que atraviesan la agenda pública. Atentos a eso, y a la necesidad de escuchar las demandas actuales, tomamos decisiones consensuadas respetando la heterogeneidad de miradas y poniendo en práctica cabalmente las herramientas de la democracia.

Como las crisis son también momentos de fricción social, nos dan la oportunidad de poner a prueba la solidez de las instituciones y su capacidad de reinterpretar nuevas necesidades que, sin duda, son indispensables para darles

forma y contenido a las sociedades. Estamos convencidos de que quizás las organizaciones no gubernamentales serán determinantes para articular políticas públicas con los gobiernos.

Tenemos por delante una agenda de desafíos que debe ser encarada con urgencia. Como quedó demostrado durante la pandemia, es mejor enfrentar las crisis con unidad y buscando consensos. Es en estas circunstancias cuando se revela en toda su magnitud la importancia de trabajar en equipo, de escucharnos, de poder tomar en cuenta qué piensan los otros, en donde el todo sea más que la suma de las partes. Esta es una lección que nos debe quedar grabada para siempre.

De esa manera encaramos, durante estos tres años, situaciones muy sensibles y dolorosas para la sociedad en general y para la comunidad judía en particular. Me refiero al atentado a la DAIA- AMIA.

Como ustedes bien saben, desde el 18 de julio de 1994, la DAIA tiene un objetivo central e irrenunciable: verdad y justicia para las 85 personas asesinadas. Esa búsqueda se ha hecho difícil porque fueron muchos quienes, desde distintos lugares de poder e influencia, intentaron ocultar, encubrir e impedir que conozcamos la verdad.

Pasan los años y lejos de atenuarse, el dolor por el asesinato de 85 personas en la destrucción del edificio donde funcionaban las instituciones centrales de la comunidad judía argentina, se profundiza año tras año. La frustración y la indignación por la falta de justicia, también.

Cuando asumí el primer mandato, dije que la falta de justicia en la causa del atentado a la sede de la AMIA/DAIA, se había transformado en la deuda más grande y dolorosa de la democracia argentina. Hoy, viendo lo que sucedió en los últimos tiempos, tengo que decir que todo está peor.

En diciembre de 2020, el principal acusado de haber facilitado el coche bomba a los terroristas, fue absuelto. Nuevamente la Justicia eligió el camino de la impunidad que resulta insultante para las víctimas y sus familiares, pero también lo es para la sociedad toda y las instituciones de la República. Lo mismo corresponde decir sobre la determinación de los responsables de la muerte del Fiscal Alberto Nisman.

Fue otro año lleno de desilusiones y de indignación, pero nada ni nadie, se los aseguro, nos detendrá en nuestra búsqueda de verdad y justicia.

Si queremos construir una sociedad más plural, diversa, abierta y sobre todo más justa, debemos ser implacables a la hora de reclamar justicia: la impunidad degrada el tejido social.

Sabemos que la “representación política” es un concepto que está en constante transformación, mucho más en estos tiempos complejos, y que sigue siendo materia de debate entre los teóricos y los académicos de las Ciencias Sociales. Y más allá de algunos cuestionamientos que recibimos, en la DAIA nos proponemos ejercer esa representación anteponiendo siempre las necesidades de los miembros de la comunidad judía argentina.

El filósofo Walter Benjamin sostiene que una institución, para hacer honor a su nombre, debe mantener viva su fuerza instituyente. Esto es: no anquilosarse, no quedar apegada a estructuras y dinámicas antiguas que no logran ya decodificar las necesidades del presente.

Tomamos las decisiones siendo muy conscientes de nuestra responsabilidad. Sabemos que lo que hacemos o decimos va a repercutir sobre la vida de nuestros representados. La DAIA tiene bien en claro cuál es su principal rol: actuar para defender la dignidad de los judíos argentinos. Estén o no

institucionalizados: podemos alojarlos, tienen a disposición la hospitalidad y el acompañamiento que guía nuestra misión. NOS ENRIQUECE LA DIVERSIDAD. NOS ENRIQUECE SOSTENER QUE HAY TANTAS FORMAS DE SER JUDÍOS COMO JUDÍOS EXISTEN EN EL UNDO. PARA TODOS VAMOS A TRABAJAR. NO NOS GUSTA EL MUNDO BINARIO, AQUÉL EN EL QUE “NOS GUSTA O NO NOS GUSTA”, NOS DEGRADA.

Ejercemos una representación política democrática, abierta y plural. Podemos decir con orgullo que la DAIA goza de un alto nivel de legitimidad y de aceptación por parte de las instituciones y de los miembros de la comunidad, y de un gran capital simbólico como define el filósofo francés PIERRE BOURDIEU.
Esto quedó demostrado, no sólo en el proceso electoral en el que esta conducción fue ratificada por la gran mayoría de instituciones adheridas, sino también durante nuestra gestión.

Como protagonista de la vida política, social y cultural argentina, nuestra entidad atravesó momentos de gran turbulencia que nos han dejado enseñanzas marcadas a fuego sobre lo importante que es, para quienes pretenden conducir esta institución, prepararse y actuar con extrema sensibilidad y sin que los paralice el miedo o que se enamoren del protagonismo a la hora de defender a quienes sienten sus derechos vulnerados. La DAIA debe ser una institución de altísimo perfil, conducida por dirigentes de bajísimo perfil. Porque lo que importa es la INSTITUCIÓN y no las personas.

Enfrentamos situaciones muy sensibles y lo hacemos siempre buscando el diálogo, escuchando las opiniones de todas nuestras adheridas y de las filiales de todo el país. Y tomamos decisiones difíciles, que son de público conocimiento, en defensa de la dignidad de todos aquellos a quienes representamos.

En la DAIA siempre reflexionamos sobre el rol que nos incumbe como entidad y qué estamos haciendo en nuestro día a día para construir una sociedad en la que el Otro vuelva a ser lo más importante.

En ese sentido, desde que se fundó, la DAIA viene cumpliendo un papel central en la Argentina en materia de lucha contra el antisemitismo. En los últimos años hemos detectado cómo los mensajes de odio y discriminatorios que afectan también a otros colectivos vulnerables, no sólo ganaban espacios en los medios de comunicación y en las redes sociales, sino también en el debate público. No tenemos duda: hoy los mensajes de odio se han transformado en la muestra más perturbadora del desprecio hacia el prójimo porque buscan descalificar y demonizar al diferente. Con palabras o con hechos físicos, la violencia recorre amplios sectores de lo social.

El antisemitismo -una de las formas más arcaicas y arraigadas de tal violencia- no cesa de “aggiornarse” y encontrar nuevos modos de manifestación. Tenemos que estar atentos a tales mutaciones para no dejarnos engañar y articular formas eficaces de prevenir y combatir esos ataques.

En este sentido, durante esta gestión, el Gobierno de la República adoptó como concepto de antisemitismo en el ámbito del sector público nacional, la definición de antisemitismo aprobada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) que homologa el antisionismo con el antisemitismo, propuesta formulada por la DAIA y recibida con beneplácito por el Gobierno.

Esta importante decisión abrió la puerta para que los gobiernos provinciales y los poderes legislativos y judiciales de todos los distritos, y diversas instituciones públicas y privadas del país, adhieran a la utilización de esta definición. Muchos ya lo hicieron y seguiremos trabajando para que todos la adopten.

En la DAIA comprendimos que además de representar con profesionalismo y transparencia a toda la comunidad judía argentina, teníamos la obligación moral de trabajar intensamente y más que nunca para defender a cualquier colectivo que se sienta discriminado.

Uno de los motivos de la crisis de las instituciones es, en muchos casos, la separación
-y hasta oposición- entre la política y la ética. Tal vez la tarea más imperiosa del momento sea volver a unir esos dos ámbitos; sólo así se podrá recuperar credibilidad y representatividad.
Desde nuestro lugar, entendemos que el ejercicio del poder no puede estar desligado de los principios y los valores del judaísmo. La ética de nuestra milenaria tradición debe ser una guía ineludible a la hora de poner en práctica la gestión institucional.

Al tener bien en claro cuáles son los desafíos que se nos presentan, decidimos ampliar nuestra misión y nos constituimos en una organización protectora de los derechos humanos: indivisibles, universales, intransferibles e inalienables.

La DAIA defiende los derechos humanos de todos. Lo estamos haciendo con coherencia,

coraje y convicción. Diariamente asumimos el compromiso por la construcción de una Argentina plural y diversa, donde las identidades individuales y colectivas puedan desarrollarse en un entorno de respeto y multiculturalismo.

Señoras y señores: convencido de la fuerza transformadora del diálogo, del impacto de la verdad, de la contundencia de los proyectos mancomunados: recorramos juntos este camino, sumando a lo ya transitado y para que otros lo continúen en el futuro. Como dejo Rabí Tarfón en el Tratado de Pirkei Avot: “No estás obligado a terminar la tarea, pero tampoco puedes desentenderte completamente de ella”.

MUCHAS GRACIAS





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