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Agencia AJN.- El primer ministro destituido por el ejército sudanés esta semana está dispuesto a negociar la formación de un nuevo gobierno a condición de que los militares den marcha atrás en el golpe de Estado y liberen a los detenidos, dijeron el viernes fuentes que se reunieron con él.

El líder del golpe, el general Abdel Fattah al-Burhan, pareció dejar la puerta abierta al primer ministro Abdalla Hamdok para dirigir un nuevo gobierno en comentarios emitidos el jueves, diciendo que sería libre de formar el gabinete de su elección.

Las fuentes que se reunieron con Hamdok dijeron que éste quiere dialogar, pero con la condición de que la situación vuelva a ser la misma que en la víspera del golpe de Estado del lunes, que desbarató la transición de Sudán a la democracia tras décadas de gobierno autoritario.

Las posiciones contradictorias apuntan a la dificultad de alcanzar una salida mediada a la crisis: el ejército dijo a los mediadores que sólo liberaría a los detenidos que no se enfrentaran a cargos penales, dijeron las fuentes, haciéndose eco de las declaraciones de Burhan esta semana.

Los Estados occidentales han cortado cientos de millones de dólares en ayuda desesperadamente necesaria para Sudán desde que Burhan disolvió el gabinete de Hamdok y los soldados acorralaron a los ministros del gobierno el lunes, exigiendo que se restablezca el gabinete dirigido por civiles.

Los opositores al golpe de Estado han convocado protestas masivas para el sábado bajo el lema «¡Que se vaya!». Al menos 11 manifestantes han muerto en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en lo que va de semana, y los residentes dicen que temen una represión en toda regla.

«Tengo miedo de que este país se incendie. Tenemos miedo de que esta gente mate a nuestros hijos. Ya ha habido bastantes muertes», dijo una mujer de Jartum de unos 70 años bajo condición de anonimato.

Un alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que las protestas serían una prueba de las intenciones de los militares en el futuro e instó al ejército a abstenerse de cualquier tipo de violencia contra los manifestantes.

Washington se sintió aliviado al ver que a Hamdok se le había permitido regresar a su casa, pero seguía bajo arresto domiciliario y no podía reanudar su trabajo, dijo el funcionario, que informó a los periodistas bajo condición de anonimato.

El viernes surgieron varios esfuerzos de mediación, incluido uno del vecino Egipto, pero no ha habido señales de progreso.

En Jartum, se ha formado un comité de personalidades nacionales para mediar y se ha reunido tanto con el ejército como con los civiles, dijo un miembro a Reuters.

Pero un diplomático occidental dijo que sería difícil que la población aceptara un compromiso que volviera al statu quo anterior al golpe.

«Puede ser la salida razonable, quizá incluso la única que no implique un mayor nivel de violencia. Pero, ¿durará y será aceptada? Mi opinión personal es que no en ambos casos».

Un diplomático europeo dijo también que los Estados occidentales no quieren comprometerse con los militares ni mediar en ninguna negociación hasta que se libere a los detenidos y los militares muestren su compromiso con el reparto de poder, tal como se establece en la declaración constitucional de transición.

La transición debía conducir a la celebración de elecciones en 2023, después de que el longevo gobernante Omar al-Bashir fuera derrocado hace dos años. El Consejo de Seguridad de la ONU ha pedido el restablecimiento del gobierno civil.

En un discurso pronunciado el jueves por la noche, Burhan dijo que se había ofrecido a Hamdok la posibilidad de volver a ser primer ministro. «Le dijimos que le habíamos despejado el escenario… es libre de formar gobierno, no intervendremos en la formación del gobierno», dijo en las declaraciones transmitidas por la televisión Al-Jazeera.

Un ministro del gobierno destituido de Hamdok, que habló bajo condición de anonimato, dijo que los miembros del gabinete no se oponían a apartarse para formar un nuevo gobierno, siempre y cuando éste fuera dirigido y elegido por Hamdok, y se restableciera el acuerdo de transición en su totalidad.

Burhan ha dicho que se ha movido para evitar la guerra civil después de que los políticos civiles avivaran la hostilidad hacia las fuerzas armadas.

Dice que sigue comprometido con una transición democrática, que incluya elecciones para 2023, pero que está a favor de un gobierno que excluya a los políticos partidistas.

En declaraciones a la agencia de noticias rusa Sputnik publicadas el viernes, Burhan dijo que un nuevo gobierno estaría dirigido por un tecnócrata que podría ser elegido en el plazo de una semana y al que se le permitiría seleccionar un gabinete.

Funcionarios egipcios, incluido el jefe de los servicios de inteligencia, Abbas Kamel, han hablado con Burhan y con el general Mohamed Hamdan Dagalo, otro alto comandante sudanés, en los últimos dos días en un intento de restablecer la calma y mediar en la formación de un nuevo gobierno, dijo una fuente de seguridad de los servicios de inteligencia egipcios.

Desde que se convirtió en jefe de Estado de facto en 2019, Burhan ha desarrollado buenos lazos con Egipto, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, estados árabes aliados de Estados Unidos, todos ellos felices de ver la caída de Bashir, a cuyo islamismo se oponían.

El golpe ha llevado a los donantes a congelar la ayuda que tanto necesita un país en el que más de la mitad de la población se encuentra en la pobreza y la penuria ha alimentado la inestabilidad y las guerras civiles.

En declaraciones a Reuters, el asesor de medios de Burhan, el brigadier Altahir Abuhaja, rechazó las críticas occidentales de que la toma del poder era una traición al pueblo sudanés.

«Lo que ha ocurrido en Sudán no es una traición ni un golpe de Estado, sino un enderezamiento del camino de la revolución. El general Burhan es el más preocupado por la transición democrática».





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